Se trata de un parque de origen volcánico formado principalmente durante las grandes erupciones ocurridas entre 1730 y 1736, a las que se sumaron otras en 1824 y pesar de que desde entonces no ha vuelto a haberlas,
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| 2009 2024 El Diablo de Timanfaya Diseñado por César Manrique, es el símbolo del parque |
Antes de llegar al Islote de Hilario, el punto desde el que se hace la Ruta de los Volcanes, hay un control de acceso donde se adquiere la entrada para poder continuar hacia el interior del parque
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| (2009) |
Unos 10km después, llegamos al Islote de Hilario, donde se encuentra el aparcamiento, es el punto de salida de los autobuses de la Ruta de los Volcanes, así que aprovechamos y cogemos inmediatamente el bus para hacer el recorrido y con él empezamos
El trayecto, de unos 14 km aproximadamente y con una duración de menos de una hora, discurre a través de un paisaje espectacular formado por mares de lava solidificada, cráteres, conos volcánicos y tonalidades rojizas, negras y ocres que crean un entorno casi lunar.
Durante el recorrido, un guía va explicando las características geológicas del parque, mientras, el autobús va a baja velocidad o realiza alguna parada, momento que aprovechamos para para poder contemplar mejor el paisaje y tomar fotografías a través del vidrio ya que no está permitido bajar del autocar para preservar el entorno.
Durante el recorrido también se pueden observar diferentes formaciones volcánicas creadas por las erupciones, como campos de lava solidificada, conocidos localmente como malpaís, así como conos volcánicos, cráteres y coladas de lava que se extienden por kilómetros.
A pesar de la apariencia totalmente árida del paisaje, en Timanfaya existe vida adaptada a condiciones extremas, como líquenes, pequeños insectos y algunas plantas muy resistentes que logran crecer entre las rocas volcánicas
En algunos puntos del trayecto se distinguen también bombas volcánicas, fragmentos de lava expulsados durante las erupciones que se solidificaron en el aire antes de caer al suelo
Llama especialmente la atención la variedad de colores del terreno, negros, rojizos, ocres y anaranjados producidos por la oxidación de los minerales y las altas temperaturas alcanzadas durante las erupciones.
Al finalizar la ruta, nos encontramos de nuevo en el Islote Hilario, una pequeña elevación de terreno que quedó ‘aislada’ entre los mares de lava formados durante las grandes erupciones volcánicas de la isla. Algunas zonas más altas no quedaron totalmente cubiertas, y quedaron rodeadas por esas coladas solidificadas. A esas elevaciones se les llama “islotes”, porque parecen auténticas islas en medio de un océano de lava.
Es uno de esos puntos elevados y relativamente estables del terreno, lo que permitió instalar allí las infraestructuras del parque: el aparcamiento, los baños, el Restaurante El Diablo, diseñado por César Manrique en el 68'
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| ...o al introducir unas ramas secas en uno de los agujeros, ésta comienza a arder en pocos segundos debido a las altas temperaturas (no se ve en la imagen por la cantidad de gente que había alrededor) |
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| Gran parte de la comida se hace con calor del volcán. |
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| Otra de las zonas donde aprovechan el calor para cocinar |
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| Un último vistazo antes de marchar de la zona |
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| Delante, la caravana de coches para acceder al Islote Hilario |
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| (2009) |
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| Se organizan rutas cortas por las laderas de ceniza volcánica con camelleros que guían a los animales caminando a su lado |





















































